Hay algo que se venia repitiendo bastante en mi rutina últimamente.
Me despierto, abro los ojos, agarro el celular y empiezo a revisar WhatsApp, Instagram, Slack, Twitter, la app del clima y alguna que otra aplicación que ni siquiera necesitaba abrir.
Lo hago medio en automático casi como un instinto.
Y cuando me quiero dar cuenta, pasaron diez o quince minutos y mi cabeza ya está llena de cosas que no elegí consumir. Alguna noticia que me puso de mal humor, un mensaje del trabajo, un mail que preferiría haber leído después, un par de videos que despues ni me acuerdo de que eran.
Y recién ahí arranca el día.
El problema es que ya empiezo con la cabeza en cualquier lado, antes de haber decidido en qué quería concentrarme.
Hace bastante tiempo que vengo peleando con esto. Y cada vez me doy más cuenta de que mi problema no son las redes sociales. El problema es el hábito de estar constantemente buscando algo para mirar, leer o responder.
Es un hábito bastante difícil de romper porque está compitiendo todo el tiempo contra las cosas que realmente me importan.

Y por lo que he charlado con algunos amigos/as no soy el único que piensa asi. Y por eso decidi escribir esto, en realidad hubo dos razones:
Para ejercitar mi concentración. Jamás en mi vida había hecho algo así, y pensé que podía ser un buen ejercicio: sentarme, concentrarme y ordenar ideas.
2. Porque en este ultimo tiempo aprendí algunas cosas que me gustaría compartir. Quizás algo de esto le sirva a alguien, o quizás no, pero si por lo menos le parece interesante a 1 persona me doy por satisfecho.
El precio de tener todo al alcance
Vivimos rodeados de un ecosistema diseñado (literalmente diseñado) para capturar y retener nuestra atención. Millones de dólares en capacidad de procesamiento y miles de los ingenieros más inteligentes del mundo están trabajando ahora mismo para ese objetivo.
Sumado que ahora tenemos acceso a una cantidad totalmente absurda de información.
Noticias, videos, podcasts, mensajes, artículos, memes, redes sociales, notificaciones, reuniones, mails. Todo está ahí a un toque de distancia.
No es ninguna conspiración, es un modelo de negocio.
Scrolleamos, deslizamos, miramos un video, pasamos al siguiente, leemos un tweet. Abrimos otra pestaña, respondemos un mensaje, volvemos a Instagram, y así podemos pasar una terrible cantidad de tiempo sin haber hecho nada que realmente queríamos hacer, el problema, entonces, no es que exista demasiada información.
Es que la información es demasiado fácil de consumir.
Herbert Simon, un economista y premio Nobel, escribió hace tiempo incluso antes de que se creara el primer celular, una frase que me parece muy buena:
“Una gran cantidad de información genera una escasez de atención”.
Y tiene todo el sentido.
Nuestra atención no es infinita. Podemos consumir información prácticamente ilimitada, pero nuestra capacidad para prestarle atención a algo es muy limitada. Cuanto más cosas intentan ocupar ese espacio, más difícil se vuelve concentrarse en una sola.
Lo que aprendí leyendo Céntrate

Hace poco terminé Céntrate (Deep Work), de Cal Newport, si bien no es un libro que te cuente algo revolucionario, pero si le pone nombre a cosas que por ahi venis observando y te tira bastante buenos consejos de como retomar el control, algunos de estos consejos los he aplicado en mi dia a dia, se los cuento mas abajo.
Newport diferencia entre dos tipos de trabajo.
Por un lado está el trabajo profundo: actividades que requieren concentración real y que generan algo valioso. Programar algo complejo, escribir, estudiar, resolver un problema difícil.
Y por otro lado está el trabajo superficial: mails, mensajes, reuniones, pequeñas tareas administrativas, revisar cosas, cambiar de una tarea a otra.
El segundo tipo de trabajo muchas veces se siente como productividad porque estamos "haciendo cosas". Pero estar ocupado y ser productivo son dos cosas bastante diferentes.
Y una de las ideas del libro que más me quedó es justamente esa: podemos pasar todo el día trabajando y aun así avanzar muy poco en lo que realmente importa. Si estoy ocho horas frente a la computadora, tengo Slack abierto, respondo rápido los mensajes, voy a todas las reuniones y contesto todos los mails, desde afuera parece que estoy trabajando muchísimo.
Pero quizás esas ocho horas podrían haberse traducido en dos o tres horas de concentración real y el resto fue simplemente ruido.
También plantea una idea bastante sencilla para explicar esto: la calidad del trabajo depende tanto del tiempo que le dedicamos como de la intensidad de nuestra concentración. casi una cuenta matematica:

También habla del estado de flow, ese estado en el que estás tan concentrado en algo que perdés la noción del tiempo. Y en mi experiencia, después de meter un buen bloque de concentracion, queda una sensación bastante satisfactoria. Mas de lo que te puede dar una hora viendo historias en Instagram.
Los estoicos ya hablaban de algo parecido
Algo que me parece loco es que muchos de los pensamientos de los grandes estoicos se pueden aplicar a dia de hoy
Epicteto decía:
“Si alguien entregara tu cuerpo a un extraño, te indignarías. ¿No te avergüenza entregar tu mente a cualquier persona que te encuentres, para que pueda ser perturbada y atormentada?”
Cada vez que agarro el celular porque saltó una notificación, o entro a una red social sin saber bien para qué, estoy entregando un poquito de mi atención.
Ahí aparece otra idea estoica conocida: la dicotomía del control. No puedo decidir qué publica otra persona, qué noticia aparece en Twitter o qué contenido me recomienda Instagram. Pero sí puedo decidir si abro la aplicación. Parece una diferencia chica, pero en la práctica cambia bastante la conversación.
Marco Aurelio decia:
"Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Comprende esto y encontrarás la fuerza."
La notificación va a seguir apareciendo. El feed va a seguir siendo infinito. Eso no depende de mí. Lo que sí depende de mí es si le entrego mi atención.
Recuperando un poco el control

No creo en las soluciones extremas, ya probé varias veces con eso de “voy a borrar Instagram”, “voy a dejar el celular”, “mañana empiezo a levantarme temprano y trabajar cuatro horas sin distraerme”.
Funciona, por unos dias, después vuelvo más o menos al mismo lugar.
Por eso últimamente estoy intentando hacer algo diferente: en lugar de depender de fuerza de voluntad, estoy tratando de construir sistemas.
Las siguientes cosas que estoy intentando aplicar en mi rutina son todas cosas que recomiénda Carl Newport en el libro que les mencioné arriba.
Por ejemplo, para trabajar concentrado intento tener siempre un pequeño ritual. Me preparo un café, cierro las pestañas que no necesito, dejo el celular en un cajón y pongo alguna playlist instrumental que ya asocio con trabajar. Puede parecer una pavada, pero la idea es que mi cabeza empiece a reconocer esas señales como “ahora toca concentrarse”.
También me gusta cada vez más la idea de ponerle un límite al trabajo. Si sé que a las 18 tengo que terminar, tengo menos margen para pasar la mañana contestando mensajes y dejando lo importante para después. El límite te obliga a elegir.
Otra cosa que estoy intentando es ser un poco más difícil de contactar. No porque no quiera hablar con nadie, sino porque no todo mensaje necesita una respuesta inmediata.
En Slack, por ejemplo, tengo configurado nohello, que básicamente propone que cuando le escribís a alguien le digas directamente qué necesitás en lugar de mandar primero un “hola” y esperar. Parece una boludes pero cuando multiplicás esos pequeños intercambios por todo un día, suman bastante.
También algo que recomienda carl newport es, practicar el aburrimiento. Por ejemplo cuando estoy haciendo una fila, esperando a alguien o viajando, mi primer impulso es sacar el celular. Ahora intento dejarlo en el bolsillo, no hacer nada, mirar alrededor, dejar que la cabeza esté un rato sin recibir estímulos.
Al final, se trata de elegir
No creo que vaya a dejar de usar Instagram, Twitter o YouTube, tampoco creo que tengamos que convertirnos en monjes que viven sin teléfono para poder concentrarnos. El problema, para mí, aparece cuando dejo de elegir. Cuando agarro el teléfono sin saber pora qué, cuando abro una aplicación por instinto, cuando estoy trabajando y reviso slack cada cinco minutos. Cuando estoy en medio de una tarea y automáticamente busco algún estímulo. Ahí siento que estoy regalando algo que en realidad es bastante importante y valioso, mi atención. No es una batalla que se gane una vez, hay días en los que lo hago bastante bien y otros en los que mi tiempo en pantalla marca 4/5 horas. Pero cada vez que consigo sentarme, cerrar todo y pasar un par de horas realmente concentrado en algo que me importa, siento que recuperé un poquito el control. Y capaz que eso sea todo, simplemente decidir, aunque sea por un rato, a dónde quiero apuntar mi mente.

gracias por llegar hasta acá :D
